CUANDO PEDIR AYUDA CUESTA
- actymente
- 2 ene
- 2 Min. de lectura

Hay personas que lo tienen claro: pueden con todo solas.
No porque no necesiten a nadie, sino porque aprender a necesitar fue peligroso.
Pedir ayuda no siempre es un gesto sencillo. Para muchas personas, es una de las cosas más difíciles de hacer.
No es orgullo, es historia
A menudo se confunde la dificultad para pedir ayuda con orgullo, rigidez o autosuficiencia excesiva. Pero en muchos casos no tiene que ver con eso.
Tiene que ver con experiencias tempranas donde:
pedir no servía
pedir molestaba
pedir tenía consecuencias
Cuando el entorno no respondió, o respondió con rechazo, crítica o indiferencia, el cuerpo aprendió algo esencial: mejor no necesitar.
Cuando hacerse cargo fue la única opción
Hay historias en las que no hubo espacio para depender. Personas que aprendieron muy pronto a sostenerse solas, a resolver, a no molestar. No porque no quisieran apoyo, sino porque no estaba disponible. Esa autosuficiencia, que hoy puede vivirse como una carga, fue en su momento una forma de supervivencia.
Cómo se manifiesta hoy
En la vida adulta, esta dificultad suele aparecer de formas muy concretas:
Dificultad para expresar necesidades
Sensación de que pedir es cargar al otro
Relaciones donde se da mucho y se recibe poco
Malestar que se vive en silencio
Llegar a terapia solo cuando el agotamiento es extremo
No es falta de deseo de vínculo, es miedo a lo que pueda pasar si se muestra la necesidad.
Pedir ayuda no es debilidad
Para quien ha tenido que sostenerse solo/a, pedir ayuda puede sentirse como:
perder control
quedar expuesto/a
depender demasiado
Pero pedir ayuda no es rendirse. Es reconocer que el sistema nervioso no está diseñado para hacerlo todo en soledad.
El trabajo terapéutico con la necesidad
En psicoterapia, muchas veces el primer trabajo no es resolver el problema que trae la persona, sino crear un espacio donde necesitar no sea peligroso.
Un espacio donde:
no haya prisa
no haya juicio
no haya exigencia
Aprender a pedir ayuda es un proceso relacional. No se aprende solo/a.
En resumen..
Si te cuesta pedir ayuda, quizá no sea porque no la merezcas, sino porque una parte de ti aprendió que necesitar tenía un precio.
Esa parte no necesita que la empujes. Necesita saber que ahora hay alguien que puede sostener contigo. Si te reconoces en esta dificultad para pedir ayuda, quizá no sea un problema personal, sino una historia relacional que necesitó aprender a sostenerse sola.
En un espacio terapéutico, pedir no es una exigencia ni una debilidad, sino algo que puede aparecer poco a poco, cuando el cuerpo siente que ya no está solo.






Comentarios