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DESCONEXION EMOCIONAL: CUANDO SENTIR NO ERA SEGURO

  • actymente
  • 2 ene
  • 2 Min. de lectura



La desconexión emocional no aparece porque sí

No nacemos desconectados. Aprendemos a hacerlo. Muchas veces, no sentir fue una forma de protegerse.


Cuando en algún momento de nuestra historia sentir fue demasiado, el cuerpo y la mente buscaron una solución. Y una de las más eficaces fue apagar, anestesiar, tomar distancia de la experiencia interna.

No porque no quisiéramos sentir, sino porque sentir no era seguro.

En contextos de trauma —especialmente trauma relacional— la desconexión puede ser la única manera de seguir adelante.



¿Qué es la desconexión emocional?

La desconexión emocional puede manifestarse de muchas formas:

  • Dificultad para identificar lo que se siente

  • Sensación de vacío o de “ir en automático”

  • Estar presente mentalmente, pero no corporalmente

  • Relaciones vividas desde la distancia

  • Sexualidad sin conexión emocional o corporal

No siempre es evidente. A veces funciona tan bien que se convierte en la manera habitual de estar en el mundo.


Una estrategia que tuvo sentido

Es importante decirlo con claridad: la desconexión no es un fallo.

Fue una respuesta inteligente a una situación que desbordaba los recursos disponibles en ese momento. Cuando no hubo sostén, cuando no hubo seguridad, cuando no hubo espacio para sentir sin consecuencias, el sistema nervioso hizo lo que pudo para proteger. La desconexión no es el problema. El problema es tener que seguir viviendo desde ella cuando ya no es necesaria.


Cómo se manifiesta hoy en la vida adulta

Lo que un día fue protección, puede convertirse más adelante en dificultad. En la vida adulta, la desconexión suele aparecer en áreas clave:

En las relaciones

  • Dificultad para vincularse en profundidad

  • Miedo a la intimidad emocional

  • Sensación de distancia incluso estando acompañado/a

En la ansiedad

  • Sensación de irrealidad

  • Dificultad para registrar el cuerpo

  • Confusión emocional

En la sexualidad

  • Cuerpo presente, mente ausente

  • Dificultad para disfrutar

  • Desconexión del deseo o de las sensaciones

No porque no haya interés, sino porque el cuerpo sigue funcionando con reglas antiguas.



“Quiero volver a sentir, pero me da miedo”

Este es un punto clave.

Muchas personas desean reconectar, pero temen que hacerlo implique desbordarse, perder el control o revivir lo que fue demasiado.

Y ese miedo también tiene sentido. Volver a sentir no es quitar la coraza de golpe, ni forzarse a experimentar emociones intensas. Es un proceso gradual, respetuoso, que necesita seguridad.



El trabajo terapéutico con la desconexión

En sesión, especialmente en el trabajo con trauma, no se trata de “hacer sentir”, sino de crear las condiciones para que sentir vuelva a ser posible.

Esto implica:

  • Ir despacio

  • Escuchar al cuerpo

  • Respetar los ritmos

  • Trabajar desde el vínculo y la regulación

La reconexión no ocurre por voluntad, sino cuando el sistema nervioso percibe que ahora sí hay sostén.



Si te reconoces en estas palabras, quizá no haya nada mal en ti. Quizá solo aprendiste a sobrevivir de la mejor manera que pudiste.

Volver a sentir no es volver atrás, es aprender que hoy, a diferencia de entonces, no estás solo/a y tienes más recursos.

Y eso, poco a poco, lo cambia todo.

 

 
 
 

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